Mercosur - Unión Europea: certezas y dudas del pacto birregional
Tras 25 años de negociaciones, el acuerdo Mercosur–Unión Europea abre oportunidades comerciales inéditas, pero también desafíos productivos, laborales y ambientales para la Argentina.
Mercosur - Unión Europea: certezas y dudas del pacto birregional
“Para el Mercosur en su conjunto y para la Argentina en particular, es un acuerdo positivo”, afirma Marcelo Elizondo, experto en negocios internacionales. Esta declaración resume el optimismo que rodea al reciente acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea (UE), aprobado por el Consejo Europeo el 9 de enero de 2026, tras más de 25 años de negociaciones. No obstante, examinemos sin euforia las oportunidades y desafíos que este pacto implica, ya que se trata de un hito que podría redefinir el comercio global al crear la mayor zona de libre comercio del mundo, con más de 700 millones de consumidores y un intercambio bilateral que supera los 111.000 millones de euros en 2024, según datos de la UE.
Las oportunidades son vastas y multifacéticas. En primer lugar, el acuerdo elimina o reduce aranceles en más del 90% del comercio bilateral, lo que podría impulsar un aumento del 30-40% en el intercambio, alcanzando hasta 150.000 millones de dólares adicionales. Para el Mercosur —compuesto por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay—, esto significa un acceso preferencial a un mercado de 450 millones de personas con alto poder adquisitivo, que representa aproximadamente el 15% del PIB mundial. Sectores clave como la agroindustria se beneficiarán enormemente: el 99% de las exportaciones agrícolas del Mercosur obtendrán ventajas, con eliminación total de aranceles para el 92% y preferencias para otro 7,5%. En Argentina, productos como la carne bovina (con cuotas ampliadas a 100.000 toneladas extras), soja industrializada, sorgo, miel, arroz y lácteos verán mejoras en precios netos al eliminar aranceles en destino, diversificando destinos más allá de China y reduciendo la dependencia de mercados volátiles.
El presidente Milei impulsa una mayor apertura comercial y respalda el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea.
Desde una perspectiva de tendencias de mercado, el pacto fomenta la integración en cadenas globales de valor. La UE, según Eurostat, importa del Mercosur principalmente productos agrícolas (42,7%), minerales (30,5%) y pulpa/papel (6,8%), mientras exporta maquinaria (28,1%), químicos y farmacéuticos (25%), y equipos de transporte (12,1%), ahorrará hasta 4.000 millones de euros anuales en aduanas. Esto podría duplicar los flujos de inversión extranjera directa (IED) europea en la región, incentivando modernización tecnológica y agregado de valor en sectores como servicios, compras públicas y propiedad intelectual. Para Argentina, con un comercio con la UE que ocupa el tercer lugar después de China y el Mercosur (según datos del INDEC del período enero-noviembre 2025), el acuerdo actúa como catalizador de inversiones, reduciendo riesgos regulatorios y potenciando economías regionales. Proyecciones de la Comisión Europea indican un incremento del 0,3% en el PIB regional del Mercosur, más significativo para Argentina debido a sus altos aranceles iniciales.
En términos geopolíticos, el acuerdo fortalece los lazos entre bloques en un contexto de tensiones globales. La UE busca diversificar sus fuentes ante la competencia china y los aranceles estadounidenses impulsados por Trump, contrarrestando influencias externas en América Latina. Para el Mercosur, representa una apertura que mitiga riesgos en un mundo multipolar, atrayendo tecnología y posicionando a la región como abastecedor privilegiado de alimentos y minerales críticos. Sin embargo, redefine el mapa comercial al integrar bloques que representan el 25% del PIB mundial, promoviendo sostenibilidad y trazabilidad en medio de proteccionismos agresivos.
No obstante, los desafíos no son menores y requieren una estrategia coordinada. Las asimetrías entre bloques son evidentes: mientras la UE ofrece estabilidad macroeconómica, inflación baja y crédito abundante, el Mercosur enfrenta presiones impositivas, atraso cambiario, infraestructura deficiente y discusiones sobre convenios laborales. Sectores sensibles (como la industria automotriz en Argentina) podrían registrar fuertes caídas de puestos de trabajo debido a la liberalización gradual que desarma el arancel externo común del Mercosur y aumenta la competencia de bienes europeos. Los agricultores europeos temen la entrada de productos sudamericanos más baratos, como carne, soja y etanol, con estándares menos rigurosos, lo que ha generado oposiciones en Francia, Polonia e Irlanda. Estos contrastes se destacan en estudios como el Sustainability Impact Assessment de la Comisión Europea.
En materia ambiental, el acuerdo exige adaptaciones a estándares europeos en deforestación y derechos laborales, demandando inversiones en trazabilidad y certificaciones. Críticos señalan que los capítulos ambientales son débiles, lo que podría expandir la frontera agrícola en áreas como la Amazonia.
En suma, el pacto ofrece un horizonte de crecimiento si se abordan las brechas productivas mediante políticas públicas concretas: tipo de cambio competitivo, reembolsos, crédito accesible y reformas estructurales. Como bien expresó el exembajador de Argentina en Estados Unidos y Chile, José Octavio Bordón: “Hay que terminar con el subdesarrollo de libre comercio del Mercosur con el mundo”. Obviamente, esto debería desarrollarse en un marco de reformas internas que permitan afrontar los riesgos de la liberalización, para evitar la incertidumbre que genera un equilibrista sin red.