Debe haber sido la charla más dura y autocrítica de Madelón en Unión. No ahorró términos ni palabras para manifestar su total disconformismo, aún a expensas de que inclusive pueda caerle mal a los jugadores. Ellos – los futbolistas – son los primeros en darse cuenta de que Unión jugó un partido inexpresivo y olvidable. El peor del torneo y posiblemente el peor del año. Pero el técnico, esta vez, no suavizó sus expresiones ni fue la red de contención habitual. Tampoco podía explicar lo inexplicable. O en todo caso, tampoco podía endulzar un discurso que se presumía duro y contundente por lo vacía que resultó la respuesta del equipo durante los 90 minutos, ante un rival que jugó bajo presión constante. Porque a los jugadores de San Lorenzo los insultaron cuando hicieron el calentamiento previo, cuando entraron a la cancha, cuando estaban empatando y también cuanto estaban ganando. Sin embargo, ante ese panorama duro, Unión se dejó atropellar por un equipo que solo tuvo ganas y punto.




































