La tercera de ellas es el motor del relato, y la que le da nombre (“las del gremio” es una arcaica expresión para el lesbianismo, conservada en sus textos): Emma Barrandéguy, nacida en la provincianía de Gualeguay (donde cruzó caminos con Salvadora), donde exploró los amores sáficos prohibidos en las siestas ribereñas. De las que huyó para vivir el frenesí porteño de la calle Corrientes, las tenidas nocturnas, la redacción de Crítica, los cuerpos femeninos y masculinos, la militancia anarquista y comunista. La que volvió a su tierra natal para vivir los largos años que las otras dos no tuvieron, atesorando el manuscrito del “Habitaciones”: la novela autobiográfica que conservó inédita hasta 2002, cuando se le entregó a María Moreno para que la publicara, cuando ya habían muerto todos los nombrados (quizás para no pasar lo que vivió Manuel Puig en Villegas, tras “Boquitas pintadas”.