La captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos provocó un giro político sin precedentes en Venezuela y colocó en el centro de la escena a Delcy Rodríguez, quien fue designada presidenta encargada del país.
La histórica dirigente chavista y vicepresidenta ejecutiva asumió de manera interina la presidencia tras la detención de Maduro por parte de Estados Unidos, enfrentando desafíos internos y presión internacional.

La captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos provocó un giro político sin precedentes en Venezuela y colocó en el centro de la escena a Delcy Rodríguez, quien fue designada presidenta encargada del país.
La decisión fue tomada por el Tribunal Supremo de Justicia con el objetivo de garantizar la continuidad institucional ante la ausencia del mandatario, en un contexto marcado por la incertidumbre y la tensión regional.
Rodríguez, hasta entonces vicepresidenta ejecutiva, asumió el liderazgo en uno de los momentos más delicados de la historia reciente venezolana, con un escenario interno frágil y un fuerte escrutinio internacional.
Delcy Eloína Rodríguez Gómez, de 56 años, es una de las dirigentes más influyentes del núcleo duro del chavismo. Abogada de formación, desarrolló gran parte de su carrera política bajo los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, ocupando cargos estratégicos dentro del Estado.
A lo largo de los años fue ministra de Comunicación e Información, canciller, presidenta de la Asamblea Nacional Constituyente y, desde 2018, vicepresidenta ejecutiva de la República. Su trayectoria la consolidó como una de las funcionarias con mayor poder real dentro del oficialismo venezolano.
Rodríguez es considerada una de las dirigentes de mayor confianza de Nicolás Maduro. Su rol fue clave en la defensa del gobierno frente a las sanciones internacionales y en la articulación de la política exterior venezolana durante los momentos de mayor aislamiento diplomático.
Además, asumió responsabilidades en áreas estratégicas como el sector energético, lo que reforzó su perfil como una funcionaria con peso político y capacidad de gestión en áreas sensibles de la economía nacional.
Luego de la detención de Maduro, Delcy Rodríguez denunció públicamente una violación a la soberanía venezolana, calificando el operativo como una acción ilegal. Desde Caracas, aseguró que el país atraviesa una agresión externa y convocó a los distintos poderes del Estado a cerrar filas en defensa del orden institucional.
Su designación como presidenta encargada fue presentada como una medida excepcional, destinada a preservar el funcionamiento del Estado y evitar un vacío de poder en medio de la crisis.
La llegada de Rodríguez al frente del Ejecutivo se da bajo una fuerte presión internacional. La dirigente ha sido sancionada en el pasado por distintos países, lo que complica su margen de maniobra diplomática. Al mismo tiempo, enfrenta tensiones internas, con sectores que reclaman cambios profundos en el rumbo político y económico del país.
En este contexto, su liderazgo será puesto a prueba tanto dentro como fuera de Venezuela. Deberá sostener el control institucional, responder a la situación social y definir la estrategia frente a Estados Unidos y otros actores internacionales.
La figura de Delcy Rodríguez emerge como clave para entender el futuro inmediato de Venezuela. Su rol como presidenta encargada la coloca en el centro de un escenario de alta conflictividad, donde cada decisión tendrá impacto político y regional.
Mientras el país atraviesa uno de los capítulos más complejos de su historia reciente, el desempeño de Rodríguez marcará el rumbo de una transición incierta y el destino del proyecto político que gobierna Venezuela desde hace más de dos décadas.




