El legado de Adriana Cristina Crolla en el campo de los estudios migratorios es vasto, sólido, profundo y reconocido internacionalmente.
La historiadora e investigadora dejó una huella indeleble en los estudios migratorios, explorando la inmigración italiana en Santa Fe y la Pampa Gringa. Su legado académico sigue vigente.

El legado de Adriana Cristina Crolla en el campo de los estudios migratorios es vasto, sólido, profundo y reconocido internacionalmente.
Su pérdida deja un enorme caudal de investigaciones, ensayos y publicaciones referidos a la inmigración italiana de la Pampa Gringa y, en especial de la ciudad de Santa Fe y alrededores, que fueron cubriendo esos "espacios de vacancia" que sabía descubrir, nutrir, completar y proyectar.
Adriana se embarcaba (y embarcaba a otros) en sus periplos de búsqueda en el afán de seguir abriendo caminos, descubrir "trazos y trazas", despuntar nuevos conocimientos y saberes y llenar esos espacios de vacancia cuyas señales detectaba con inteligencia.
Hacia adelante había ya diseñado otros nuevos proyectos que quedan pendientes de ejecución a causa de su repentino fallecimiento pero que, seguramente, serán continuados por sus discípulos y colaboradores entusiastas.
Lo que sigue, a modo de homenaje a Adriana Crolla, justamente, es un fragmento traducido al español de la ponencia de mi autoría titulada "Panorama dell'immigrazione italiana in Argentina".
Tuve el placer de presentarla durante la Jornada Virtual de Migraciones de la Universidad para Extranjeros de Siena y que integra el conjunto de ensayos del libro "Migrazioni da e per l'Italia. Una storia attraverso i mari" (Edizione Unistrasi. Università per Stranieri di Siena, 2026).
"(…) Tradicionalmente, la historia de la inmigración europea en Argentina ha sido generalmente narrada desde la perspectiva de los varones, considerados los protagonistas del fenómeno (llegaban solos, solteros, casaban con mujeres de sus pueblos en Italia y las hacían venir a la Argentina, o casaban mujeres criollas de la nueva tierra).
El rol de las mujeres ha sido invisibilizado por muchas décadas: eran 'las mujeres escondidas en el pasaporte de los hombres', las mujeres entre los pliegues de la memoria. Desde otra perspectiva, esta historia ha sido generalmente la de Buenos Aires, la ciudad puerto más importante, que parece mirar siempre hacia el exterior, dando las espaldas al interior del territorio.
Raramente se encontraban noticias o estudios sobre los acontecimientos de las provincias, a través de los calendarios, los censos, algunas publicaciones o artículos periodísticos. En el interior del País se desarrollaba una realidad que se encontraba en las grandes o pequeñas ciudades de las provincias, pero sobre todo en el campo.
En la segunda mitad del siglo XIX, los inmigrantes que llegaban a los puertos de Buenos Aires o Rosario, se desperdigaban en la Pampa, un vasto territorio de tierras fértiles (…) que comprendía las provincias de Buenos Aires, Entre Ríos, La Pampa, Santa Fe y Córdoba.
Sin embargo, una zona más estrecha, la del centro y sud de la Provincia de Santa Fe, el este de la Provincia de Córdoba, el norte de la provincia de Buenos Aires y una parte de Entre Ríos, es conocida como el 'nudo productivo de la Argentina', la Pampa Gringa.
En el primer libro del primer censo de la Provincia de Santa Fe (circa 1887) se evidencia que, del total de la población, el 61,8% se componía de argentinos y el 38,2% de extranjeros.
(...) Como afirma el Dr. Gabriel Carrasco, director y comisario general del censo, durante el gobierno de José Gálvez, 'todos los progresos sorprendentes que, desde hace treinta años a esta parte, ha realizado la República Argentina y especialmente la Provincia de Santa Fe, pueden sintetizarse, resumiendo la causa, en una sola palabra: inmigración' (Zuccarini, 1910).
No obstante el rol siempre importante del Estado en la gestión del arrendamiento y la compraventa de las tierras -según la época, a través de agencias o corresponsales del Estado argentino en el exterior- funcionaban agencias privadas o individuos que compraban o vendían tierras.
Las redes de hospitalidad, que se iniciaban mediante el llamado (la 'chiamata') a través de cartas de amigos o parientes ya establecidos en el nuevo territorio, hacían más fáciles la ubicación ya sea en la ciudad o en el campo, y la obtención de la tierra o del trabajo inmediato.
Estas redes sociales fueron el antecedente del asociacionismo que se desarrolló en toda la Argentina y en todas las colectividades, con gran velocidad y consolidación hasta nuestros días.
El Portal de la Memoria Gringa, de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad Nacional del Litoral de Santa Fe, creado y dirigido por la Cavaliere Magister Adriana Cristina Crolla en respuesta a la ausencia de estudios, investigaciones y difusión sobre la inmigración, en particular la italiana, en la provincia de Santa Fe, presenta inicialmente una descripción de la Pampa Gringa como 'una región geográfico-cultural que se corresponde con el centro-sud de la provincia de Santa Fe, el norte de la provincia de Buenos Aires y el este de Córdoba'.
La cultura de la inmigración dio a esta región una fisonomía particular y multicultural.
Una cultura agraria siempre original y moderna, hábitos transferidos desde Europa y adaptados al contexto argentino, diversidad lingüística que se transforman en contacto, literatura y música que presentan y difunden un modo de vivir y de ser que conserva las tradiciones de los antepasados y una nube de nostalgia que continúa todavía hoy, manifestándose sobre todo en las asociaciones paisanas.
A medida que la experiencia de las colonias, en particular en el territorio de la provincia de Santa Fe, avanzaba, se contaba un mayor número de adherentes, como es el caso de Domingo Faustino Sarmiento, presidente de la Argentina entre 1868 y 1874, que se declaró un admirador de este fenómeno, que coincidía con su utopía manifestada en Argirópolis (1850):
'Las colonias de Santa Fe, Entre Ríos, etc. han indicado el camino que debemos continuar para poblar el territorio no poseído aún por los particulares, que es justamente aquél bajo el dominio del Gobierno'.
Sarmiento estuvo siempre atento al progreso de las colonias de Santa Fe. En efecto, cuando parten al exterior seis naves cargadas de grano desde el puerto de Rosario (1878), producido por la cosecha de la colonia Candelaria (hoy Casilda), expresa sin dudar:
'El progreso de la inmigración dependerá del progreso en las colonias de Santa Fe, que constituyen ya una provincia agrícola. (…) Son necesarios los ferrocarriles que puedan conectar las colonias entre ellas donde el producto se creó antes del ferrocarril' (El Nacional, 6 junio 1887)".
"(...) El término gringo se interpreta en clave histórica y polisémica, desde el punto de vista sociolingüístico.
Si bien inicialmente la palabra gringo se refiere a los extranjeros que no hablaban el español o a las personas de cabellos rubios y ojos azules, en Argentina, su significado se fue restringiendo hasta designar a los italianos en particular, sobre todo a los del norte de Italia (piemonteses, lombardos), en contraposición al vocablo 'tano', utilizado para indicar a los inmigrantes del sur de Italia (por ejemplo napoli-tano).
La acepción de gringo para nombrar a los italianos concuerda con el predominio de inmigrantes provenientes de Italia con respecto a otras nacionalidades. Con el pasar del tiempo, el término gringo se difundió en los pequeños pueblos o en las ciudades, mientras que en las grandes ciudades se usaban otras expresiones: italianos, piemonteses o piamonteses, tanos, chacareros, colonos.
La interpretación unívoca que se registra en el lenguaje oral de los hablantes del campo, hasta la de los graffitti ciudadanos, hace que la expresión ser gringo aparezca como naturalizada en la lengua popular (utilizada también en los periódicos), permeada por diversas miradas conceptuales y por sus inscripciones en el archivo sociolingüístico.
El desacuerdo del campo con el gobierno nacional (2008) amplió la esfera semántica de referencia del concepto 'gringo', asociándolo a otros términos con matices eufemísticos: productores rurales, ruralistas, pequeños productores del agro, en modo tal de aceptar todas la acepciones de esta palabra, que finalmente refiere al hombre de campo, en especial de origen italiano.
Es normal observar, en el registro lingüístico de algunos grupos sociales, cómo se evita la palabra gringo, que conserva aún hoy un ligero matiz desdeñoso y estigmatizante, heredado de las primeras décadas del siglo pasado. Hoy, en la Pampa Gringa, el término gringo parece estar más ligado a la lengua campesina o de las ciudades y pequeños pueblos de provincias.
En las grandes ciudades, aparecen otros nombres: italianos, piemonteses o piamonteses (según la RAE), inmigrantes italianos, inmigrantes piemonteses, tanos, chacareros, paisanos o campesinos italianos, colonos, gente del campo.
En los diversos grupos y asociaciones de la colectividad italiana, la palabra 'gringo' es usada frecuentemente con diversos matices de significado y sentido. Con valor negativo, como avaro, obstinado, desconfiado, suspicaz; con valor positivo, cuando se entiende como sinónimo de trabajo, ahorro, amor a la familia, fuerza y resistencia en las confrontaciones de la vida.
Este carácter paradojal señala, no obstante, una creciente apreciación o revalorización del italiano en la sociedad argentina de los últimos decenios.
La palabra 'gringa' aparece literariamente en 1904 con la obra "La Gringa", del dramaturgo uruguayo Florencio Sánchez, que vivió en Santa Fe, y después la novela de Alcides Greca, "La pampa Gringa" (1936), que buscaba 'representar la realidad gringa del sur de la Provincia de Sante Fe', como se lee en el Portal de la Memoria Gringa de la UNL.
Otros escritores y poetas de nuestra región continúan usando el término 'gringo' en sus obras: José Pedroni, Mario Vecchioli, Carlos Carlino, Rafael Balbi, Fortunato Nari, que constituyen el Parnaso de la Pampa Gringa. El panorama histórico y socio-económico de la Pampa Gringa no ha sido para nada el paraíso áureo de la tierra prometida, ni una narración épica romantizada.
Además del difícil trabajo de los campesinos, ligados al desarrollo industrial, comercial y financiero que hizo grande a la Argentina, hasta 1930, desde el inicio se presentaron problemas ligados a las fronteras con los aborígenes (siempre obligados a alejarse de los territorios conquistados por los inmigrantes), la intolerancia religiosa y las discusiones políticas sobre los derechos de los colonos contra las ambiciones de los terratenientes y las maniobras de los especuladores, que muchas veces generaban luchas armadas.
Un caso emblemático sucedió en 1912: El Grito de Alcorta. El alto precio de los arrendamientos que debían pagar los colonos, la falta de leyes agrarias que estableciesen los derechos de los agricultores y los defendiesen de las maniobras de los explotadores, constituyeron la chispa que encendió la protesta en junio de 1912.
No obstante las vicisitudes sociales y políticas de los últimos setenta años, la Pampa Gringa continúa trabajando y produciendo, con los ojos siempre puestos en el futuro de las nuevas generaciones.
Como taumaturgos de un nuevo mundo, los gringos continúan reconociendo en el trabajo la fuente del progreso. Como expresara el propio Vecchioli en su poema "Los inmigrantes": 'Y un temblar se lleva su coraje/ ¡a conversar con el futuro!' (...)".





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