Toda inmigración es, en el fondo, una herida abierta en la geografía. Un tajo invisible que une un puerto lejano con una llanura que, al principio, no es más que un desierto de monotonía verde. Escribir sobre el desarraigo no es una tarea para la historia oficial; la historia mide toneladas de trigo, registra actas de nacimiento y computa el tonelaje de los barcos.




































