I
El presidente Milei, con sus polémicas personales y familiares, genera debates sobre su vida privada y su influencia en la política nacional. Mientras tanto, la inflación sigue alta y la oferta de créditos genera más preguntas que respuestas. El superávit fiscal y exportaciones prometen pero no convencen.

I
Noticias para estremecerse de ansiedad: la inflación por debajo de los tres puntos, es una de las más altas del mundo pero no estamos ahora para detenernos en detalles que solo pueden interesarle a las lacras del periodismo. Nos ofrecen créditos no sabemos si para ayudarnos o para lo contrario, pero lo importante es que a la noticia hay que festejarla.
El superávit fiscal es otras de las joyas que el león luce con orgullo de rey de la selva; también han crecido las exportaciones y las promesas de una cosecha que hará realidad el añejo mito que a este país siempre lo salva una buena cosecha. Conclusión, los números de la macroeconomía cierran.
La naturaleza del "cierre" nunca termina de quedar en claro si es una buena o una mala noticia, entre otras cosas porque más del noventa por ciento de la gente no conoce los intríngulis de la macroeconomía y los que la conocen no terminan de ponerse de acuerdo. Economistas reconocidos por su saber, aseguran que nos están vendiendo gato por liebre; otros afirman lo contrario.
Un señor desarrolla en el pizarrón una serie de ecuaciones para probar que según la macroeconomía estamos viviendo en el mejor de los mundos. A la pregunta acerca de si hay alguna noticia sobre la microeconomía la respuesta es tan profesional como hermética: ese no es nuestro tema. Nosotros somos expertos en macroeconomía.
II
Vaya uno a saber dónde estamos parados y qué destino nos aguarda en el futuro. Lo que confirmo una vez más es que la labor de presidente es un oficio insalubre. Alguna vez, Javier Milei dijo que sus críticos profesionales lo envidiaban. No lo sé. Por lo que a mí me compete, juro ante las sagradas fuerzas del cielo que a Milei no lo envidio.
No le envidio el padre que tiene, no le envidio la hermana, no le envidio los perros (los más inocentes de todos modos) y no le envidio el peinado... y mucho menos la campera. En un plano más íntimo, tampoco le envidio las novias que tuvo, entre otras cosas porque no estoy del todo convencido de que efectivamente hayan sido sus novias.
Mi amigo, psicoanalista de profesión, me aseguró que años de oficio con diván de por medio le enseñaron a recelar de la sexualidad de sus pacientes que se jactan de su virilidad, y mucho más de aquellos que incluyen en su lenguaje adjetivos y sustantivos -incluso verbos- acerca de los órganos sexuales y los tamaños del pene.
No suelo ser de los que creen que las sentencias de los psicoanalistas son palabra santa, pero confieso que en esta ocasión las sentencias de mi amigo me dejaron una vaga sintonía de inquietud. "Las emociones no expresadas nunca morirán. Están enterradas vivas y aparecerán más tarde de maneras más desagradable", escribió Sigmund Freud.
III
Admito que los argentinos en algunos temas siempre estamos dispuestos a superarnos. Yo suponía que el máximo nivel de erotismo, en sus versiones más exhibicionistas y vulgares, le pertenecían a Carlos Saúl Menem, hasta que llegó Milei que prácticamente redujo al riojano a un atolondrado y convencional galancete de tierra adentro.
Los recientes diálogos amorosos del presidente con madame Rosmery Maturana convocaron mi atención porque en mi adolescencia y mi juventud disfruté de las peripecias amorosas de mujeres como madame Sévigné, madame Pompadour, madame Staël y madame Du Barry.
Para mi desdicha, los contrapuntos entre la Maturana y Javier están mucho más cerca de una cumbia de Pibes Chorros o poemas exaltados de lirismo al estilo "Entregá el marrón", que de las inspiraciones poéticas de Benjamín Constant o del príncipe Charles-Maurice de Périgord. Mala suerte para mí por mi enfermiza afición por la literatura francesa.
Una advertencia de todos modos es pertinente: hasta tanto se demuestre lo contrario, madame Maturana no tiene nada que ver con el personaje creado en tono de zamba por Manuel J. Castilla y el Cuchi Leguizamón. Tampoco creo que sea pertinente y justo vincularla con "las chicas Almodóvar".
Si alguna comparación es posible, yo la relacionaría con los "Bunga bunga" de Silvio Berlusconi y algunos hábitos que el buenazo de Bill Clinton solía practicar en la penumbra de su despacho de la honorable Casa Blanca.
En su diálogo amoroso con Javier, a madame Maturana la define como acto moral y escena estética una frase que suele ser la preferida por algunos policías a la hora de realizar sus académicos interrogatorios: "Largá la sopa". Encantadora muchacha. Roberto Arlt se perdió a una heroína para deleitar las finanzas del Rufián Melancólico
IV
Lo bizarro de estos tiempos es que la sexualidad salió de las elegantes alcobas y discretos cuartos de hoteles para instalarse en el centro del escenario político.
Esta semana sin ir más lejos una diputada oficialista que para más datos confesó que el presidente es el amor de su vida, ejerció su derecho a la crítica contra el trasero de la señora vicepresidente de la nación, además de dejar abierta la posibilidad de un tórrido romance con un barbado y verborrágico senador de la provincia de Formosa.
Esta diputada enamorada -de cabellos rubios y que suele lucir un vestuario estilo Diane Keaton, pero sin su humor y su inteligencia- fue acusada en su momento, en una de esas acaloradas batallas campales en el Congreso, de "gato", imputación que otras lenguas largas hicieron contra las "novias" oficiales que la propaganda oficial adjudicó al presidente.
Mientras tanto, la diputada Marcela Pagano no tuvo reparos para expresar su crítica contra otra legisladora de La Libertad Avanza por haberse atrevido a cenar con su marido en un reconocido local nocturno.
Esta variante de cultura kitsch llevada al centro del escenario público con su toque de vulgaridad y tilinguería, hubiera interesado a Manuel Puig, hubiera fascinado a Raúl Barón Biza, pero hubiera merecido el desprecio del marqués de Sade y monsieur Jacques Valmont.
V
Javier Milei se presentó en la Universidad de San Andrés para dictar una clase en la cátedra de un profesor amigo siempre dispuesto a complacer al presidente. Después de la multitudinaria marcha en defensa de la universidad pública, Milei, con la agudeza que lo distingue se presenta a dar clase en una de las universidades privadas más caras del país. Tanto despliegue en vano.
Los docentes de San Andrés firmaron una declaración en solidaridad con sus colegas de la universidad pública. Segurasmente serán comunistas o partidarios del aborto. Que nadie se llame a engaño y mucho menos se le ocurra comparar a Javier con Robin Williams, el profesor de la película "La sociedad de los poetas muertos".
Creo que no necesito agobiar al lector con argumentos o razones para registrar las abusivas diferencias entre un profesor y otro. Sí creo pertinente observar que cuando otra presidente se presentó en la muy distinguida Universidad de Harvard, ocasión en la que habló de su condición de abogada exitosa, tuvo la delicadeza de admitir preguntas, licencias que Milei ni ebrio ni dormido se permitiría.
Para la curiosidad de los lectores, recuerdo que aquella estudiante que inició las preguntas, Mariana Filgueira Risso, un año después murió atropellada en Buenos Aires por un colectivo. Mala suerte para la pobre Mariana.
V
Mientras tanto, Julio César Silva, el portero del edificio de la mítica esquina de Uruguay y Juncal en pleno corazón de Recoleta, anunció sin que se le mueva un pelo que cuando hace ocho años declaró que el hall del edificio a su cargo era un festival de bolsos, estaba mintiendo.
Muy suelto de cuerpo, y seguramente atendiendo a cotizables y voluminosas "razones de peso", el encargado asegura que jamás en su vida vio un bolso o algo que se le parezca. Impertérrito y estoico, el hombre invoca a su propia torpeza para decir que firmó sin mirar. Criaturita de Dios.
No sé cómo continuará este culebrón de Barrio Norte, pero sospecho que el instinto infalible de Guillermo Franchela hallará en este episodio motivos maravillosos para deleitarnos con una temporada más de "El encargado".
Me muero por saber qué actores interpretarán a Daniel Muñoz, a Cristina y al chofer del célebre Toyota que, elegante, furtivo y silencioso, se desplazaba por las calles de la ciudad repartiendo bolsos para financiar la honorable causa de nuestro criollísimo populismo de izquierda liderado por la entrañable abogada exitosa.