Enrique Cadícamo (1900-1999), dueño de una inmensa fuerza creativa y una auténtica imaginación inspiradora, recurrió en varias de sus magníficas obras a la utilización del clima como metáfora principal.
La obra de Cadícamo, con música de Tinelli, retrata un reencuentro íntimo bajo la lluvia, donde el amor y la nostalgia se entrelazan en un tango eterno.

Enrique Cadícamo (1900-1999), dueño de una inmensa fuerza creativa y una auténtica imaginación inspiradora, recurrió en varias de sus magníficas obras a la utilización del clima como metáfora principal.
En derredor de sus componentes, y con la música de José Tinelli, en 1937 compuso el tema "Por la vuelta", con perfume a despedida íntima que nunca termina de concretarse. La lluvia es cómplice y le da el marco de tristeza y melancolía que atraviesa el corazón de los protagonistas, quiene refugiados en su intimidad hablan de ese amor esperado que no volvió… porque nunca se fue.
En este tango de Cadícamo perduran los recuerdos, se alteran las emociones, abundan los silencios y las miradas que duelen. Y vaya si duelen… y mucho. Porque este tema no habla de un regreso cualquiera, absolutamente. No hay reproches, no hay escenas, no hay gritos, ni el clásico "pase de facturas".
Hay algo tan profundo como peligroso: dos personas que se quisieron bien y, justamente por eso -vaya paradoja- se dejaron ir.
Pero el gran consejero de siempre, el destino, y probablemente la nostalgia, los pusieron nuevamente frente a frente con el acompañamiento de la lluvia sigue mojando la calle pero empapando el alma de los protagonistas:
"¡Afuera es noche y llueve tanto!// (...) ven a mi lado me dijiste".
La escena arranca íntima, cerrada y susurrada. La lluvia, producto de un clima amenazante, pero que en realidad es el refugio fabricado de ex profeso, un símbolo o mejor dicho "una excusa a la invitación" de ella hacia su amante, por quien todavía guarda un lugar en su corazón ("ven a mi lado"):
"Hoy tu palabra es como un manto/ un manto grato de amistad"
Pero dentro de ese refugio, símbolo o excusa o como quiera llamarse, hay algo doloroso que modifica el clima. Ya no hay amor, hay amistad y por más noble que sea, para el tango, eso es una herida. El manto abriga… pero no deja de tapar algo que no se anima a expresar:
"Tu copa es esta y la llenaste/ bebamos juntos viejo amigo/ dijiste mientras levantabas/ tu fina copa de champan (…)"
El brindis es figurado, si bien no deja de ser un ritual que puede tomarse como de despedida de una antigua amistad que pesa mucho. Marcará distancia seguramente y también arrojará un dejo de nostalgia, que ambos compartirán. Es la pintura de este tema musical: compartir un encuentro amoroso o de amistad después de un tiempo separados. La copa llena simboliza que es ella la que duda.
¿Raro no? Lo pienso así porque fue ella quien, aprovechando la lluvia y el clima adverso, lo invitó a su lado. Y esta es una verdad difícil de entender. En cambio él tomó la decisión de volver y reanudar el vínculo trunco que no puede "arrancarse de cuajo". El brindis no es de despedida, está claro, es por el regreso:
"La historia vuelve a repetirse/ mi muñequita dulce y rubia (...)"
Y era lógico. La memoria rompe la barrera de la amistad, no pudo evitarlo y entonces volvió el amor, tan brutal como antes. El tiempo nada borró:
"El mismo amor… la misma lluvia/ el mismo... el mismo loco afán (...)"
Aquí está el corazón de este tango. Todo sigue igual, salvo ellos. La lluvia repite la escena y el amor late todavía:
"¿Te acuerdas, hace justo un año?/ nos separamos sin un llanto/ Ninguna escena, ningún daño.../ Simplemente fue un adiós inteligente de los dos"
Tremendo el recuerdo del adiós. Es limpio, sin escándalos e inteligente, como se expresa. En el tango, cuando el amor se vuelve razonable significa claramente que ya está perdido. El diálogo entre los personajes revela que el recuerdo entre ellos es genuino, que proviene de una relación madura, porque la separación ocurrió sin dramatismo, pero con una carga emocional implícita.
El "adiós inteligente" que mencionan sugiere una decisión pensada, aunque no por ello menos dolorosa. La repetición de la historia, "el mismo amor... la misma lluvia... el mismo, el mismo loco afán", enfatizan la idea de un ciclo que se repite, indicando tal vez que, a pesar de los intentos de seguir adelante, hay emociones que persisten y situaciones que se reencuentran en el tiempo:
"Tu copa es esta, y nuevamente/ los dos brindamos por la vuelta/ Tu boca roja y oferente/ bebió en el fino bacarat.// Después, quizá mordiendo un llanto/ quédate siempre me dijiste/ Afuera es noche y llueve tanto/ y comenzaste a llorar".
El dolor, aunque tarde o diferido, llega y hace estrago en lo más hondo y se rompe todo, la máscara de la amistad cae y la verdad se catapulta en lagrimas porque en realidad, ninguno de los dos quería que el otro se fuera.
Hay despedidas que a veces el corazón no acepta, por la sencilla razón que son correctas y así pasa el tiempo... y pasa la vida, pero basta la invitación de una noche de lluvia para volver a transitar el camino del amor aunque ya no haya futuro. También es cierto que hay amores que no se terminan… simplemente… aprenden a doler en silencio.
El "quédate siempre" contrasta con la realidad de que nada es eterno. La lluvia que cae afuera y las lágrimas de uno de los personajes se entrelazan, dejando un final abierto a interpretaciones: ¿es un llanto de tristeza por lo que no puede ser, o de esperanza por lo que aún podría resurgir?
Así, queda claro que "Por la vuelta" es un reflejo de la complejidad de las relaciones humanas y de cómo el amor, incluso cuando parece haber terminado, puede dejar huellas imborrables. Hasta la próxima.
El encuentro
La noche desapacible no invitaba a una "juntada". El café no estaba muy concurrido. La lluvia golpeaba el vidrio con insistencia… que parecía memoria. Él llegó primero, como siempre, como antes, como fue su costumbre, llamo al mozo y pidió dos copas, sin saber que ella vendría… pero felizmente llegó.
Lucía impecable, su perfume era atrapante y la acompañaba una tristeza distinta. Sin apuro, distante, sin tener en cuenta que había pasado un interminable año.
- Afuera llueve (dijo ella).
Y él acusó recibo, porque entendió todo remontándose al pasado. Hablaron de la vida, de las pequeñas cosas, como intentando romper el hielo porque en realidad no hablaron de nada sin tener en cuenta el momento. El silencio no se hizo esperar y fue el silencio que empezó a decir los que ello no podían.
- Brindamos (dijo él).
- Por la amistad (dijo ella).
Él sonrió. Pero por dentro sintió que algo en él se desmoronaba y lo obligaba a fijar su miraba… porque no veía en ella a una simple amiga... veía a la mujer que se había quedado viviendo en su alma para siempre.
- Quédate (le dijo).
Entonces sentarse ya no era sentarse un rato más… era volver a empezar. Afuera era de noche y llovía tanto…




