Para algunos fue el "Poeta de la Calle", para otros el "Prócer del Arrabal". Lo importante es que Celedonio Flores adoptó como academia su propia vida, e hizo carne en él esa tarjeta postal donde las ruedas de las chatas dejaban sus huellas y el grito del cuarteador en camiseta y látigo en mano aportaba la versión sonora.




































