El hombre al que se lo criticaba porque no cantaba el himno, llora porque se ganó un partido. El hombre al que se le decía que era “pecho frío”, no solo que pidió jugar para Argentina, que ya lleva más de 200 partidos y que tiene una cantidad de goles que resultará casi imposible de igualar para cualquiera, sino que llora después de ganar un partido ¡de octavos de final de un Mundial y contra Egipto! El hombre que ni siquiera derramó lágrimas en medio de la máxima alegría que él pudo haber tenido –la de ser campeón del mundo con su país y levantar la copa que se le negaba-, dejó que sus lágrimas saltaran de sus ojos en un partido mucho menos importante que aquella final, en una imagen que recorrió el mundo. Es el mismo hombre (Lionel Messi) al que sus compañeros lo tiraron por el aire, señal clara y elocuente del afecto y la admiración que le tienen. Messi juega para el equipo y el equipo juega para Messi. Hay un vínculo muy fuerte, casi me animo a decir que es indestructible.





































