Monza siempre fue sinónimo de velocidad, pero con la nueva generación de unidades de potencia también se convirtió en uno de los mayores desafíos energéticos de la Fórmula 1. Sus largas rectas y la escasez de frenadas fuertes llevaron a la FIA a reducir a 5 megajulios la energía que los autos podrán recuperar durante una vuelta de clasificación.



































