La Fórmula 1 regresará de sus vacaciones en un lugar que nunca parece estar de descanso. Zandvoort vive frente al mar, entre bicicletas, arena y viento, pero cuando los autos aparecen, la tranquilidad de esa pequeña ciudad costera desaparece. Las gradas se cubren de naranja, las banderas se multiplican sobre las dunas y el rugido de los motores se mezcla con el del Mar del Norte.




































