Margaret Atwood pronunció un discurso en la investidura como doctora honoris causa de la Universidad de Granada, en España, en el que llamó a defender el valor de las artes y las humanidades ante el avance tecnológico.
La reconocida escritoria canadience recibió la investidura como doctora honoris causa en la Universidad de Granada, España. En su discurso, alertó sobre la creciente censura literaria en Estados Unidos, comparando la situación actual con episodios históricos de represión y cuestionando el futuro de la libre expresión.

Margaret Atwood pronunció un discurso en la investidura como doctora honoris causa de la Universidad de Granada, en España, en el que llamó a defender el valor de las artes y las humanidades ante el avance tecnológico.
La escritora canadiense dijo que en las universidades norteamericanas las humanidades están “sitiadas” y que asignaturas como literatura, idiomas, historia y teoría del arte se consideran no esenciales, pero añadió que muchas empresas buscan personas que puedan innovar y pensar más allá de lo convencional.
Atwood, reconocida por su obra y su trayectoria, afirmó que los estudios humanísticos enseñan a pensar, a crear y a comprender a los demás y citó evidencia neurológica según la cual una novela literaria equivale, desde lo cerebral, a meterse en la mente de otra persona; recurrió además al aforismo atribuido a W. H. Auden: «¿Cómo voy a saber lo que pienso hasta que no vea lo que digo?».
La autora canadiense subrayó que necesitamos el lenguaje, que necesitamos emociones y que necesitamos historias: “Necesitamos el lenguaje. Necesitamos emociones. Necesitamos el pensamiento. Necesitamos historias. Eso es lo que somos”, dijo Margaret Atwood al recibir la distinción en Granada.
En su discurso la escritora abordó la tensión entre libertad de expresión y censura sobre materiales en bibliotecas y escuelas y afirmó que nunca en la era moderna se prohibió tantos libros en Estados Unidos ni se retiró tantos de las escuelas.
Atwood recordó que la censura no es nueva pero varía por tema y grado, planteó la pregunta «¿Quién puede decir qué y a quién?» y trazó paralelos históricos con la Revolución Francesa, las purgas de Stalin y la ficción de Orwell en 1984.
Sobre la inteligencia artificial, la autora relató un caso en los premios de la Commonwealth en que un relato ganador fue acusado de haber sido generado por IA y señaló que distintos sitios de análisis, que eran a su vez IAs, ofrecieron conclusiones contradictorias y eso plantea inquietudes sobre el futuro de la escritura humana.
Atwood defendió que los idiomas son quizá “la primera tecnología estrictamente humana” porque permiten cooperación y la creación de mitos que unifican sociedades, y afirmó que sólo a través de las artes y documentos heredados podemos conocer de dónde venimos.
La escritora canadiense insistió en que no se puede pensar sin lenguaje y alertó que una sociedad que ya no puede pensar con claridad y cuestionar sus suposiciones se dirige hacia el precipicio, y vinculó esa crisis de las humanidades con cambios tecnológicos y geopolíticos.
En la investidura en Granada, Atwood dijo que España está en una situación relativamente favorable y sugirió que el país podría ser “un santuario para la preservación de la alfabetización y el saber” si los tiempos se oscurecen.
En el cierre del acto, Margaret Atwood afirmó “les aseguro que este discurso no lo escribió una inteligencia artificial, sino yo misma” y deseó que las humanidades perduren, una conclusión ligada a la entrega institucional del título.





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