Colombia atraviesa una de las mayores emergencias de los últimos años después del terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el oeste del país.
El sismo de magnitud 7,4 provocó el derrumbe de edificios y graves daños en hospitales, escuelas y aeropuertos. Hay más de 1.300 heridos y unas 2.000 personas permanecen desaparecidas, mientras los equipos de rescate trabajan en las zonas más afectadas.

Colombia atraviesa una de las mayores emergencias de los últimos años después del terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el oeste del país.
El último balance oficial elevó a 181 la cantidad de personas fallecidas, mientras que más de 1.300 resultaron heridas y alrededor de 2.000 permanecen desaparecidas.
Los equipos de rescate trabajan entre edificios derrumbados en una búsqueda contrarreloj para intentar localizar a personas que puedan continuar con vida bajo los escombros.
El movimiento sísmico tuvo su epicentro cerca de San José del Palmar, en el departamento de Chocó, pero sus efectos se extendieron a varias zonas del país.
Entre las ciudades más afectadas se encuentran Pereira y Cali, donde se registraron decenas de víctimas, derrumbes y daños en infraestructura pública. Ante la magnitud del desastre, el Gobierno colombiano declaró la emergencia nacional para facilitar el traslado de recursos hacia las regiones que necesitan asistencia.
En Pereira, una de las ciudades más afectadas del Eje Cafetero, las autoridades contabilizaron al menos 60 personas fallecidas. Gran parte de la ciudad permaneció sin electricidad después del sismo y numerosos vecinos salieron a las calles para buscar familiares y colaborar con los trabajos de asistencia.
Los equipos de emergencia trabajan especialmente en sectores donde se produjeron derrumbes. Bomberos, rescatistas y voluntarios remueven los restos de las construcciones con herramientas y forman cadenas humanas para retirar materiales.
Una de las principales dificultades durante los operativos es determinar si todavía hay personas atrapadas debajo de las estructuras. Por eso, los rescatistas realizan pausas durante las tareas y piden silencio para intentar escuchar posibles señales provenientes de los escombros.
En Cali, la tercera ciudad más poblada de Colombia, el panorama también es complejo. El balance de la alcaldía informado por la fuente registraba 85 fallecidos y al menos 885 heridos.
Debido a la situación, se estableció un toque de queda hasta las 6 de la mañana, mientras los equipos de emergencia continuaban trabajando en los barrios afectados.
El terremoto también impactó en instalaciones esenciales. Según información citada de la Organización Mundial de la Salud, varios establecimientos hospitalarios sufrieron daños.
Entre ellos se encuentra el Hospital Universitario del Valle, donde se derrumbaron sectores de cardiología y pediatría. La Clínica Nuestra debió ser evacuada y algunos pacientes fueron atendidos en espacios exteriores.
El balance presentado por las autoridades colombianas contabilizó además 61 edificios colapsados, 18 centros de salud afectados y 52 instituciones educativas dañadas. A esto se suma el impacto sobre el transporte aéreo: seis aeropuertos sufrieron daños en su infraestructura y debieron suspender las operaciones de vuelos comerciales.
En Cali, además, las autoridades informaron que 188 personas permanecían desaparecidas. La cifra forma parte del balance nacional de aproximadamente 2.000 personas cuyo paradero todavía no pudo determinarse.
El epicentro se ubicó cerca de San José del Palmar, en Chocó, un departamento ubicado en el oeste colombiano y caracterizado por importantes dificultades de infraestructura y acceso.
Hasta el momento, desde esa región se informó que al menos 13 personas murieron. Sin embargo, las tareas de evaluación y rescate avanzan con dificultades debido a que varias rutas resultaron afectadas por el terremoto.
La situación también alcanzó al aeropuerto de Quibdó, capital de Chocó, lo que complica todavía más el traslado de equipos y ayuda humanitaria. La Cruz Roja Internacional advirtió sobre las dificultades para acceder a algunas zonas y continuar con las tareas de asistencia.
El terremoto volvió a poner en la memoria de los colombianos la tragedia ocurrida en 1999, cuando otro fuerte sismo afectó la región del Eje Cafetero y provocó casi 1.200 muertes.
En esta oportunidad, el Gobierno declaró la emergencia nacional para disponer de recursos y acelerar la respuesta en los departamentos más afectados. La prioridad está puesta en la búsqueda de sobrevivientes, la atención de los heridos y la asistencia a las personas que perdieron sus viviendas.
La emergencia también generó una respuesta internacional. Estados Unidos ofreció 15,5 millones de dólares para colaborar con las tareas de asistencia. La Unión Europea puso a disposición su sistema satelital Copernicus para apoyar las operaciones de rescate.
Otros países también ofrecieron ayuda. Venezuela propuso enviar rescatistas y asistencia humanitaria, mientras que Israel, México, Chile, Argentina y El Salvador manifestaron su disposición a colaborar con Colombia.
El papa León XIV expresó su pesar por la situación y transmitió sus condolencias a las familias afectadas. También llegaron mensajes de solidaridad desde otros gobiernos, entre ellos el de China.
El sismo fue percibido además en países vecinos como Venezuela, Ecuador y Panamá. La zona afectada forma parte de una región de elevada actividad sísmica vinculada con el movimiento de las placas tectónicas de Nazca y del Caribe.
Mientras continúan las tareas de rescate, las autoridades colombianas advierten que el número de víctimas podría modificarse a medida que los equipos logren ingresar a las zonas más afectadas y avanzar sobre las estructuras colapsadas.
La prioridad, por estas horas, está puesta en encontrar sobrevivientes. En Pereira, Cali y otras localidades afectadas, bomberos, personal de seguridad, voluntarios y vecinos trabajan junto a los equipos especializados para remover los escombros y localizar a quienes todavía podrían estar atrapados.
Con 181 muertos, más de 1.300 heridos y unas 2.000 personas desaparecidas, Colombia enfrenta ahora una extensa tarea de recuperación que recién comienza.





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