Hoy cociné guiso. Uno de verdad. Con tiempo, con cebolla rehogada hasta que se vuelve dulce, con carne buena, de esa que se corta sola, y papas firmes que no se deshacen. Le puse lo mejor que tenía. No solo ingredientes: también silencios, gestos heredados, y una canción suave que apenas sonaba de fondo. Me gusta cocinar guisos. Tal vez porque al revolver la olla, el pasado sube como vapor.




































