Cuando una persona enfrenta las fases avanzadas de un cáncer, el deterioro de una Enfermedad Poco Frecuente (EPF) o el sufrimiento de una patología psiquiátrica grave, el dolor nunca es solo físico. Viene acompañado de angustia, miedo, depresión y el colapso emocional de toda su familia. En esos momentos, el alivio no es una opción médica; es un derecho humano y una urgencia política.


































