El presidente Javier Milei y casi todo su gabinete asistieron este sábado al acto en conmemoración del Día de la Bandera, que se realizó desde las 10 en Rosario, ante el monumento que es símbolo de la enseña patria en todo el país.
Dijo que el prócer fue el “primer intelectual liberal económico argentino” y que “imaginó una Nación antes de que existiera”. No hubo alusiones a la actualidad política e institucional.

El presidente Javier Milei y casi todo su gabinete asistieron este sábado al acto en conmemoración del Día de la Bandera, que se realizó desde las 10 en Rosario, ante el monumento que es símbolo de la enseña patria en todo el país.
Junto con el gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, y el intendente de la ciudad anfitriona, Pablo Javkin, presidió la ceremonia que fue transmitida por la señal nacional.
Durante una hora se mostraron planos generales del espacio, a los funcionarios en sus alocuciones, algunas postales de las autoridades presentes, sobre todo las que acompañan al mandatario argentino (entre ellos, el cuestionado jefe de Gabinete Manuel Adorni), y al sector del público que lo aplaudió y le dedicó cánticos en medio de su discurso y a quienes agradeció “sus manifestaciones de cariño, pero este es el momento de recordar a Manuel Belgrano”.
También estuvo en el acto, aunque fuera de las cámaras oficiales, la vicepresidenta Victoria Villarruel, quien mantiene una clara distancia discursiva con el mandatario y decidió asistir a la ceremonia a pesar de no haber sido incluida por el protocolo oficial.
Luego de tomar juramento a la Bandera a cadetes, aspirantes y soldados voluntarios, Milei se ubicó ante el atril para recordar “una de las grandes gestas de la nacionalidad argentina: la creación del símbolo que nos une, nos identifica y nos representa como pueblo”.
El mandatario centralizó por completo su alocución en la figura del prócer homenajeado y del momento histórico que protagonizó, más allá de establecer algunas conexiones con su línea de pensamiento, y sin la menor alusión a la coyuntura político-institucional. Tampoco recogió los dichos de Pullaro quien, a su turno había pedido que “en este país federal los recursos vuelvan en infraestructura para encender el motor del interior productivo”.
“Recordar a Manuel Belgrano es recordar mucho más que a un prócer; es recordar al gran promotor de la libertad política y económica en los orígenes de nuestra nación”, dijo.
“Belgrano luchó por crear un país autónomo para los futuros argentinos, una patria libre para decidir su destino y, al mismo tiempo, promovió una sociedad donde las personas tuvieran libertad para trabajar, comerciar, producir, educarse y progresar”. “Su gran obra fue imaginar una nación antes de que existiera y sembrar las ideas que permitirían construirla”, remarcó.
Por eso, “la bandera no fue solamente una insignia militar o la expresión de una idea de país: fue la representación visible de una causa, la causa de la libertad”, concepto al que volvió una y otra vez a lo largo de su alocución como lo hizo con otros términos que integran su discurso habitual: “casta” y “batalla cultural”.
“Belgrano luchó por crear un país autónomo para los futuros argentinos, una patria libre para decidir su destino y, al mismo tiempo, promovió una sociedad donde las personas tuvieran libertad para trabajar, comerciar, producir, educarse y progresar. Su gran obra fue imaginar una nación antes de que existiera y sembrar las ideas que permitirían construirla”, insistió el mandatario nacional.
Luego de repasar los hechos históricos que derivaron en la gesta belgraniana, destacó otra “faceta extraordinaria”; “la del economista, la del intelectual, la del reformista, la del pionero de las ideas de la libertad económica en el Río de la Plata”.
“Manuel Belgrano fue uno de los grandes reformistas ilustrados y un precursor de una crítica sistemática al mercantilismo y al monopolio brindado desde el Estado. Impulsó ideas modernas frente al estancamiento colonial y promovió la educación, la agricultura, el comercio y el desarrollo tecnológico incluso antes de 1810”, remarcó.
“Su batalla cultural fue contra los privilegios, contra el mercantilismo —una economía basada en la acumulación de metales y no en la organización del trabajo—. Por eso promovió una economía libre y dinámica, en la que el trabajo genuino fuera el eje impulsor de la sociedad”.
“Vivió una paradoja: por mandato familiar fue abogado, pero sus pasiones fueron la economía y la difusión de ideas absolutamente novedosas para la época, como las de Adam Smith”. En ese punto, dijo que Belgrano “leyó y admiró ‘La riqueza de las naciones”, los aportes de los fisiócratas, y comprendió que la riqueza no provenía de los privilegios otorgados por el poder, sino del trabajo, la producción, el intercambio y la iniciativa de las personas”.
Por eso, “puede ser considerado el primer intelectual liberal económico argentino, un criollo que empezó a pensar la generación de riqueza desde la libertad económica, la propiedad y la iniciativa privada mucho antes de que esas palabras formaran parte de nuestras constituciones y de nuestras instituciones”.
En contraste “con los beneficios que disfrutaba la casta de la época, defendió la libertad económica, la competencia y la propiedad como pilares de su programa, y consideró al mérito como impulsor del desarrollo económico y personal”.
Incluso “desarrolló ideas innovadoras para su tiempo. Según Belgrano, el valor de las cosas dependía de la cantidad de dinero circulante y también del valor subjetivo que le otorgaba el consumidor.
Básicamente, “hablaba de la naturaleza monetaria de la inflación y de los problemas de precios relativos en la asignación de recursos. Pensar que todavía se siguen discutiendo algunas de estas cuestiones”, ironizó.
En definitiva, para Milei “Belgrano representa el ingreso de la modernidad al Río de la Plata y a la futura Argentina. Fue rico y murió pobre a los 50 años, habiendo entregado todo por su patria”.
Por eso, “cuando hoy miramos nuestra bandera, no vemos solamente los colores celeste y blanco: vemos una historia, vemos una lucha, vemos una revolución, vemos una idea de libertad. Vemos a un hombre que se animó a imaginar una nación cuando todavía no existía”.
“Aquí, donde comenzó a hacerse visible la patria, la bandera que nació frente a este río sigue representando hoy lo mismo que representaba hace más de dos siglos: la libertad política para gobernarnos a nosotros mismos, la libertad económica para trabajar, comerciar, producir y prosperar, y la libertad para educarnos, crecer y construir nuestro propio futuro”, sostuvo el Presidente.
Y concluyó: “La Argentina no nació de la resignación: nació de la audacia. Nació de hombres y mujeres que se animaron a imaginar una patria libre cuando parecía imposible. Mientras haya argentinos dispuestos a defender la libertad, el trabajo, el mérito, la propiedad, la producción y la independencia nacional, el sueño de Manuel Belgrano seguirá vivo, flameando en nuestras plazas, en nuestras escuelas, en nuestros hogares y nuestros corazones”, concluyó.





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