¿Te levantás cansado aunque hayas dormido varias horas? ¿Tenés calambres frecuentes, dolores musculares, estrés constante o dificultades para dormir?
El magnesio participa en más de 300 funciones del organismo y es fundamental para el funcionamiento de los músculos, el corazón, los nervios y los huesos. Aunque su déficit no siempre provoca síntomas evidentes, especialistas advierten que algunas señales pueden indicar que el cuerpo necesita más de este mineral.

¿Te levantás cansado aunque hayas dormido varias horas? ¿Tenés calambres frecuentes, dolores musculares, estrés constante o dificultades para dormir?
Muchas personas atribuyen estos síntomas al ritmo de vida, pero en algunos casos podrían estar relacionados con niveles bajos de magnesio, un mineral esencial para el organismo que en los últimos años ganó protagonismo en las consultas médicas y en las búsquedas de Internet.
El magnesio es uno de los minerales más abundantes del cuerpo humano y participa en más de 300 reacciones bioquímicas. Su función va mucho más allá de la salud muscular: interviene en la producción de energía, el funcionamiento del sistema nervioso, la contracción de los músculos, el ritmo cardíaco, la formación de huesos y la regulación de la glucosa en sangre.
Los especialistas explican que una cantidad adecuada de magnesio también contribuye al equilibrio de la presión arterial y participa en la síntesis de proteínas y ADN, procesos fundamentales para el crecimiento y la reparación de los tejidos.
Sin embargo, muchas personas no alcanzan la ingesta diaria recomendada únicamente a través de la alimentación. Esto se debe, entre otros factores, al consumo creciente de alimentos ultraprocesados, que contienen cantidades muy bajas de este mineral.
Aunque el organismo almacena magnesio principalmente en los huesos y los músculos, una disminución sostenida puede repercutir en distintas funciones del cuerpo.
El déficit de magnesio suele desarrollarse de manera gradual y, en muchos casos, no produce síntomas específicos durante las primeras etapas. Por eso, puede pasar desapercibido durante mucho tiempo.
Cuando la deficiencia es mayor, algunas personas pueden experimentar:
Fatiga o sensación permanente de cansancio.
Calambres musculares, especialmente durante la noche.
Contracturas frecuentes.
Debilidad muscular.
Hormigueo en manos o pies.
Irritabilidad.
Dificultad para dormir.
Dolores de cabeza.
Palpitaciones o alteraciones del ritmo cardíaco, en casos más severos.
Los especialistas aclaran que estos síntomas también pueden deberse a otras enfermedades, por lo que nunca deben interpretarse como una confirmación de déficit de magnesio sin una evaluación médica.
Entre los grupos con mayor riesgo se encuentran los adultos mayores, personas con enfermedades digestivas que dificultan la absorción de nutrientes, pacientes con diabetes tipo 2, quienes consumen determinados diuréticos durante períodos prolongados y personas con consumo excesivo de alcohol.
Además, durante el embarazo o en situaciones de estrés prolongado, los requerimientos del organismo pueden modificarse, aunque esto no significa que todas las personas necesiten suplementos.
En los últimos años, los suplementos de magnesio se convirtieron en uno de los productos más vendidos en farmacias y tiendas de nutrición. En redes sociales abundan los videos que prometen mejorar el sueño, reducir la ansiedad, aliviar dolores musculares e incluso prevenir enfermedades.
Sin embargo, los profesionales de la salud recomiendan actuar con prudencia.
Las principales sociedades científicas coinciden en que los suplementos pueden ser útiles cuando existe una deficiencia comprobada o cuando un médico considera que una persona presenta factores de riesgo que justifican su uso.
En personas sanas que mantienen una alimentación equilibrada, los beneficios de tomar magnesio sin indicación médica todavía no están completamente demostrados.
Además, existen diferentes tipos de suplementos, como citrato, glicinato, cloruro, óxido o lactato de magnesio. Cada uno presenta diferencias en su absorción y puede indicarse según las necesidades particulares de cada paciente.
El consumo excesivo tampoco está exento de riesgos. Las dosis elevadas pueden provocar diarrea, náuseas, dolor abdominal y, en personas con insuficiencia renal, generar complicaciones importantes debido a la acumulación del mineral en el organismo.
Por ese motivo, los especialistas insisten en evitar la automedicación.
La mayoría de las personas puede obtener el magnesio que necesita mediante una alimentación variada.
Entre los alimentos que aportan mayores cantidades se destacan:
Almendras.
Nueces.
Castañas de cajú.
Semillas de chía.
Semillas de calabaza.
Semillas de girasol.
Espinaca.
Acelga.
Legumbres como lentejas, garbanzos y porotos.
Avena.
Arroz integral.
Chocolate amargo con alto porcentaje de cacao.
Palta.
Banana.
Los nutricionistas recomiendan incorporar estos alimentos de manera habitual dentro de una dieta equilibrada, junto con frutas, verduras, cereales integrales y proteínas de buena calidad.
Además de mejorar el aporte de magnesio, este patrón alimentario también favorece la salud cardiovascular, el control del peso y el bienestar general.
Los expertos coinciden en que no todas las personas con cansancio o calambres necesitan suplementos de magnesio.
Si los síntomas persisten durante varias semanas, aparecen alteraciones del ritmo cardíaco, debilidad muscular importante o dificultades para realizar actividades cotidianas, es recomendable consultar al médico para identificar la causa.
En algunos casos, el profesional puede solicitar estudios de laboratorio y evaluar si existe un déficit nutricional u otra enfermedad que explique el cuadro clínico.
También es importante informar si se consumen suplementos por cuenta propia, ya que el magnesio puede interactuar con algunos medicamentos, como antibióticos, tratamientos para la osteoporosis o ciertos fármacos para enfermedades cardíacas.
Los especialistas coinciden en que pequeños cambios de hábitos pueden ayudar a mantener un adecuado aporte de este mineral.
Entre las principales recomendaciones se encuentran:
Consumir diariamente frutas y verduras frescas.
Incorporar frutos secos y semillas en la alimentación.
Elegir cereales integrales con mayor frecuencia.
Reducir el consumo de alimentos ultraprocesados.
Mantener una buena hidratación.
Realizar actividad física de manera regular.
Evitar la automedicación con suplementos.
Consultar siempre al médico antes de iniciar cualquier tratamiento.
Aunque el magnesio se convirtió en uno de los nutrientes más populares del momento, los especialistas recuerdan que no existen soluciones milagrosas para combatir el cansancio o mejorar la salud. Una alimentación equilibrada, actividad física, descanso adecuado y controles médicos periódicos siguen siendo las herramientas más eficaces para prevenir enfermedades y mejorar la calidad de vida.





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