"¿El río es un pensar asombrado,
César Bisso transforma el paisaje litoraleño en una poética de resistencia, explorando la memoria y el silencio como refugios frente a la alienación urbana.

"¿El río es un pensar asombrado,
un recordar que se deshace,
un largo adiós que no termina,
o es el olvido que vuelve con las islas?"
Juan L. Ortiz
***
La poesía es el río y esta expresión nos remite a un concepto de Domingo F. Sarmiento cuando defendía que el autor aprendiera la lengua del pueblo y viceversa. El escritor más que aprender y hablar la lengua del pueblo debería ser alguien del pueblo, que haya una comunicación entre ambos mundos para que se logre una simbiosis hombre/literatura.
Allí es donde surge la idea de que la poesía es un género periférico, y cuando se practica desde los márgenes se convierte en algo impredecible hablando de los cuerpos, del entorno social, de lo que mira, piensa y conoce con una lectura íntima de la realidad el dueño de la palabra.
Elsa Drucaroff aseveraba: "La literatura no es un lenguaje 'superior', no es 'alta cultura', está a la más intensa altura de la vida, aunque la academia o la crítica a veces la guarden en un estante alto para que la mayoría desista alcanzarla".
Y retomando este concepto regresamos a 1960, cuando Roman Jakobson, en "Lingüística y poética", habla del estudio del lenguaje poético/poética del lenguaje y utiliza una herramienta movilizadora al proponer que la poesía puede partir de lo sencillo, lo simple y cotidiano, porque "el poema organiza y da forma a una experiencia".
Otro de los temas que surgen a partir de la lectura de Jakobson es que la poesía moderna habla desde el tiempo, desde lo que existe frente a ella. Creo que lo importante en la poesía es la contemporaneidad, que es a lo que se refiere nuestro autor santafesino, y en él por sobre todo La poesía es el río.
Su obra poética se identifica por una lírica fluvial e introspectiva que transfigura el paisaje litoraleño en un territorio existencial, metafísico y social. El autor nacido en Coronda (Santa Fe, Argentina) utiliza la palabra como un instrumento de resistencia moral ante un entorno alienante.
Su voz integra la tradición poética de las orillas del río Paraná, aunque su enfoque trasciende el simple regionalismo para indagar la vulnerabilidad y la memoria del ser humano. La literatura del litoral argentino posee una identidad indisoluble de su geografía, ya que es un territorio donde el agua permanece como sustancia primordial.
En esa tradición, la poesía de César Bisso emerge como un eslabón esencial que hereda la matriz metafísica de las orillas creada por Juan L. Ortiz, pero la ubica en un nuevo contexto histórico. Se apropia de una lírica, que se conforma a partir de una tensión central entre la armonía esencial del paisaje frente a la fragmentación ética y social del mundo contemporáneo.
En ese punto de fricción, el silencio y el retorno mítico a los orígenes se instituyen como sus principales ejes de resistencia y perdurabilidad. La relación estética entre Juan L. y Bisso responde a lo que Johann W. von Goethe denominaba una afinidad electiva, y nuestro poeta hereda del maestro entrerriano el concepto del río Paraná como una escuela de la mirada y un absoluto espiritual.
Sin embargo, la herencia se procesa mediante una fractura temporal inevitable.
Mientras que en la obra de Ortiz la aproximación al paisaje es de carácter panteísta -donde el sujeto lírico anhela disolverse y fundirse con la luz, los sauces y los islotes-, en Bisso el río aparece desde la conciencia de la distancia; es evocación, una "patria perdida" o el territorio sagrado al que el hombre de la ciudad busca regresar para sanar su identidad y hallar el rumbo de su existencia.
Esta distancia conceptual se refleja de manera directa en la estructura formal de sus textos. Frente al célebre verso largo, horizontal e infinito de Ortiz, que porfía con la anchura pausada de las aguas entrerrianas, el corondino elige un proceso de escritura inverso a través del verso libre, despojado y sintético.
No expande la frase hacia el horizonte, sino que la concentra, buscando la densidad del fondo, la piedra o la arena bajo la corriente.
En su obra fluye una tensión interna originada por el río y la grieta social. Y ahí es donde comprendemos como lectores, que bajo la superficie de esta poética del agua subyace una mirada profundamente marcada por la formación sociológica del autor.
Sus versos no renuncian ante un romanticismo idílico o una contemplación pasiva de la naturaleza; por el contrario, utiliza el recuerdo del agua como un faro crítico para alumbrar las sombras de la ciudad.
Nos enfrentamos al recorrer sus poemas a un contraste nítido entre dos espacios opuestos, por un lado, surge el espacio fluvial como reserva moral ya que el río funciona como el contra-modelo ético de la sociedad de consumo, ofreciendo una temporalidad ligada a la eternidad y la permanencia.
Y como contrapartida encontramos la ciudad como escenario de alienación, tema que profundiza en gran parte de su obra poética, donde la ciudad se presenta construida a partir de cemento, hierros y dinámicas hegemónicas que erosionan los vínculos humanos primarios.
Esta dimensión social permite trazar un mapa comparativo con otros autores de la región litoraleña, y a diferencia de José Pedroni, cuya crítica social y política se asentaba en la celebración comunitaria del trabajo agrario y la gesta del colono, el compromiso en Bisso asume un carácter más existencial.
Su obra tampoco busca el objetivismo fenomenológico de Juan José Saer, donde el paisaje queda vaciado de sentimentalismo para ser pura percepción intelectual.
Bisso escribe desde el dolor piadoso, asumiendo una postura meta-poética donde la escritura misma conlleva una responsabilidad ética: la palabra es un acto de resistencia en la medida en que se niega a someterse a las lógicas del mundo materializado.
Las dimensiones del silencio, como punto de conexión poético, lo logra en la confluencia entre el paisaje heredado, la memoria del origen y la crítica a la modernidad tardía donde el concepto de silencio adquiere su máxima consistencia en su obra. El silencio no es en sus versos un vacío de contenido o una mera interrupción acústica; es un territorio habitado.
Como síntesis podemos decir que la poesía de César Bisso, profundamente influenciada por Juan L. Ortiz, sitúa al río Paraná como un refugio místico y ético frente a la alienación de la ciudad moderna. A través de versos libres y concisos, el autor utiliza el paisaje litoraleño y la memoria de la infancia para establecer una resistencia silenciosa ante la inmediatez consumista.
La musicalidad de su obra se caracteriza por un ritmo lánguido y pausado, evocando el fluir constante del río y la serenidad de la naturaleza. Finalmente, su poesía, marcada por la culpa, se consolida como un acto de tenacidad, buscando la pureza en el silencio y el origen, lo que transforma el susurro en un compromiso ético profundo.
Sus versos ratifican la permanencia de la gran tradición del litoral, demostrando que pertenecer a la "estirpe del agua" no implica un aislamiento regionalista, sino procesar la influencia mística de Juan L. Ortiz a través de un tamiz crítico y formalmente condensado.
Así, el poeta ha logrado edificar una belleza donde el río limpia la mirada humana. Al situar al niño en la orilla como el guardián de la memoria ancestral, su obra nos recuerda que la verdadera madurez poética consiste en recuperar el asombro.
Su poesía es, en última instancia, un susurro que emerge del silencio y regresa hacia él, manifestándonos que, en un mundo sitiado por la estricta lógica racional, todavía es posible resistir desde la transparencia y la pureza del origen.
La autora es profesora en Letras UNL.





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