Frente a lo inevitable, múltiples son las estrategias destinadas a morigerar sus efectos. Sin embargo, ninguna es de carácter universal y garantiza un resultado infalible. La muerte invade y cercena. Despoja de manera aviesa. Es cruel frente a los estrechos vínculos personales existentes. Los agrede y convierte en vana toda pretensión eterna. Obliga a suturar heridas y a sanar almas con gangrena.




































