Nos escribe Esteban (34 años, San Martín): “Querido Luciano, ¿cómo estás? Te quería preguntar cuál es tu opinión sobre la patología narcisista, ¿cuáles son sus características? ¿Es una moda? ¿Por qué se habla tanto de este tema hoy?”
Desde el punto de vista del psicoanálisis, el narcisismo, más que una moda, es una compleja interacción entre el egoísmo compensatorio y la falta de crecimiento psíquico.

Nos escribe Esteban (34 años, San Martín): “Querido Luciano, ¿cómo estás? Te quería preguntar cuál es tu opinión sobre la patología narcisista, ¿cuáles son sus características? ¿Es una moda? ¿Por qué se habla tanto de este tema hoy?”
Querido Esteban, muchas gracias por tu mensaje. Te agradezco que plantees un tema de mucha actualidad. En efecto, hoy se habla mucho de narcisismo. Y desde diferentes teorías y orientaciones.
Mi respuesta podría ser desde el punto de vista del psicoanálisis. Entiendo que hay toda una perspectiva que relaciona narcisismo con psicopatía, como nueva forma de manipulación, más sutil, integrada, a partir de su funcionalidad y por la ausencia de culpa.
Desde mi punto de vista, el riesgo con la divulgación de esta categoría es que se vuelva demasiado generalizable y, para el caso, se nombre como narcisista a cualquier persona con la que tengamos un conflicto.
Una buena categoría diagnóstica se caracteriza por su aplicación discriminada; es decir, mucho más por las diferencias que permite trazar con otras categorías que por la cantidad de casos diferentes que permite agrupar.
Sin embargo, ¿estamos ante una categoría diagnóstica? Podría decirse que sí, pero si lo que tenemos presente es un criterio de tratamiento. Por ejemplo, en la tradición analítica hay trabajos terapéuticos muy buenos en torno a lo que se llama el “sí mismo grandioso”.
Ahora bien, ¿el narcisista se cree grandioso? Sí, ¿por qué? En principio, retomemos el mito de Narciso y digamos la primera certidumbre sobre la personalidad narcisista: está más enamorada de su imagen que de sí misma.
Esto quiere decir que el egoísmo del narcisista es compensatorio. Es por su debilidad en relación a su sentimiento personal (para sentirse sí mismo) que se crea una imagen a la que no puede renunciar.
Freud decía que el narcisismo era el complemento erótico del egoísmo. El punto es que el buen egoísmo es el que le falta al narcisista, que es más bien frágil para verse a sí mismo y, por lo tanto, se busca en el espejo.
Ese espejo que puede ser la imagen que tiene de sí, pero también la mirada de los otros. Y en este punto podríamos introducir una segunda certidumbre sobre la patología narcisista. El narcisista se relaciona mucho más consigo mismo a través del otro que con el otro.
Esto se puede explicar mejor si pensamos en que el (pero también la) narcisista tienden a crear escenas ideales en las que ocupan un rol determinado. Con el tiempo uno se da cuenta de que todo iba bien… si se mantenía dentro de la escena.
Cuando toca salir de la escena, ahí aparecen los problemas. El enojo, los reproches, las críticas o invalidaciones. Y aquí no se trata de que los narcisistas no sientan culpa, sino de algo más básico: no tiene la aptitud para reconocer en sí mismos los procesos psíquicos.
Esto último se corrobora en la tendencia a la justificación, en devolverle al otro lo que ellos mismos producen, en tener siempre una excusa, sin que sean capaces de pedir perdón y aceptarse en el desvalimiento.
La persona narcisista se relaciona consigo misma cuando se relaciona con el otro. Por eso puede ser una gran gratificadora, pero sin una verdadera generosidad; de la misma forma en que se puede poner hostil ante un “no”, porque lo vive como un rechazo.
Tal vez en cierto punto debería plantearse que el narcisismo patológico es una forma de sobreadaptación reactiva. Muchas veces se enfatiza el daño que produce este tipo de persona, a lo que habría que agregar que así también se dañan a sí mismos.
En la tradición psicoanalítica, dos autores fundamentales son Otto Kernberg y Heinz Kohut. Este último propone que la personalidad narcisista se basa en una detención psíquica, en una especie de inmadurez, que puede ser reparada en tratamiento.
Por su parte, Kernberg postula que la personalidad narcisista proviene más bien de una suerte de déficit en la integración psíquica y en la internalización de los objetos primarios, lo que se acompaña de un desarrollo patológico específico.
Para Kernberg, la personalidad narcisista es el complemento de la personalidad border, más anclada en la dificultad para el control de los impulsos y en la inestabilidad del Yo y sus funciones sintéticas –apoyadas en la disociación.
Por último, ya que mencioné algunos autores que son “clave” en la tradición analítica, quisiera agregar a André Green y una de sus ideas básicas, la de que Freud introduce el tema del narcisismo como antecedente de la pulsión de muerte.
En el narcisismo patológico hay ciertamente una inclinación mortífera, aunque se apoye en una funcionalidad extrema. Sobre todo, porque falta lo propio del crecimiento psíquico, es decir, la elaboración de pérdidas y la realización de duelos.
Para concluir este artículo de cuestiones elementales, agregaría una tercera certidumbre sobre el narcisismo. La personalidad narcisista tiene un sentido moral distorsionado, ya que suele creer que es injusto todo lo que no le gusta.
Este es un sentido impropio de la justo, que suele llevar a que los narcisistas confundan la reparación que la justicia debe determinar con la realización de venganzas. Los narcisistas castigan; quieren que el otro pague por el dolor que les produjo y no porque algo está mal.
Pero, ¿quién puede medir el precio de un dolor? En este punto, la venganza se vuelve eterna y siempre encuentra nuevos motivos, o no mide consecuencias. Sin duda esto último debería llevarnos a pensar más allá de un tipo de personalidad.
Porque, ¿no es la nuestra una sociedad narcisista? Bueno, querido Esteban, esta es una pregunta que te comparto y dejo planteada para retomar en otra ocasión. Creo que más allá de delimitar una categoría, tal vez sería bueno que nos preguntemos qué dice de todos nosotros la amplificación de su uso.
Un abrazo grande y, dado que esta es la primera columna de enero, muy feliz año para todas y todos los lectores.
Para comunicarse con el autor: lutereau.unr@hotmail.com.




