Vecinos y comerciantes de la avenida Blas Parera han alzado su voz para denunciar una preocupante desprotección estatal y policial, definiendo la arteria comercial como una auténtica “zona liberada” para el accionar delictivo.
Los damnificados sostienen que la falta de presencia policial convierte a los comercios en blancos fáciles para los delincuentes. Frente a este panorama los comerciantes se han organizado a través del Centro Comercial para exigir una audiencia con los funcionarios de Seguridad.

Vecinos y comerciantes de la avenida Blas Parera han alzado su voz para denunciar una preocupante desprotección estatal y policial, definiendo la arteria comercial como una auténtica “zona liberada” para el accionar delictivo.
El último y más flagrante episodio tuvo como víctima a un comerciante de la zona, quien sufrió un saqueo bajo la modalidad de "robo hormiga". Según el relato del damnificado, el hecho fue perpetrado por un grupo de aproximadamente diez personas —supuestamente menores de edad—, quienes ingresaron al local tras vulnerar un patio lindante.
Con una impunidad pasmosa, los delincuentes operaron durante más de dos horas consecutivas, trasladando mercadería hacia la parte trasera del pasaje.
El propietario, visiblemente afectado, relató que los jóvenes actuaron encapuchados y que solo se detuvieron alrededor de las 6:40 de la mañana, cuando la intervención fortuita de una vecina logró ahuyentarlos cuando ya se disponían a cargar más bolsas.
La indignación del sector radica no solo en la pérdida patrimonial actual —que se suma a otro robo sufrido por el mismo local hace apenas un mes y medio, donde rompieron la vidriera a pesar de haber reforzado y soldado las rejas—, sino en la absoluta ausencia de patrullaje preventivo durante las horas en que se cometió el ilícito.
Para los damnificados, resulta inadmisible que un movimiento de diez personas en plena madrugada no haya despertado la sospecha de ninguna fuerza de seguridad.
La problemática, sin embargo, excede este caso puntual. Comerciantes de locales ubicados a lo largo de diez cuadras a la redonda coincidieron en que la situación de vulnerabilidad es generalizada.
"Llegamos a los negocios y nos encontramos con rejas rotas o vidrios estallados", señaló otra comerciante de la acera opuesta, cuyo local también sufrió daños en un intento de robo.
Al vandalismo nocturno se le suman modalidades diurnas como el accionar de las "mecheras" y arrebatos en la vía pública, lo que ha modificado drásticamente los hábitos de los vecinos: las mujeres evitan salir con carteras o exhibir sus teléfonos celulares, limitando incluso el uso de aplicaciones de pago electrónico por temor a ser asaltadas.
Los afectados coinciden en que el abandono de la avenida Blas Parera y sus adyacencias no es reciente, sino el resultado de un deterioro social e institucional que lleva años consolidándose.
Si bien reconocen que en el pasado los denominados "caminantes" (policías de facción) y los operativos de control vehicular habían aportado cierta tranquilidad, critican la falta de continuidad de estas medidas.
La flexibilización de la prevención estatal es rápidamente capitalizada por grupos delictivos que, según advierten, muchas veces lucen bien vestidos y no responden al perfil de marginalidad extrema, lo que denota una planificación y una audacia que desafía de manera directa a las autoridades.
Ante la falta de respuestas inmediatas, la comunidad comercial de Blas Parera, canalizada a través del Centro Comercial de Santa Fe, ha solicitado de manera formal una reunión urgente con las autoridades del Ministerio de Seguridad de la provincia.
El encuentro, previsto para la próxima semana, buscará coordinar un plan de acción conjunto que sincronice el sistema de cámaras de monitoreo con un patrullaje efectivo y sistemático, con el fin de devolver la tranquilidad a un corredor comercial que hoy se debate entre la subsistencia y el desamparo.




