Desde hace años la manzanilla (Matricaria chamomilla) forma parte de los remedios tradicionales para aliviar nervios y molestias del estómago.
La incorporación de flores de manzanilla al mate ganó popularidad por sus supuestos efectos sobre el estrés y la digestión. Revisamos la evidencia científica, modos de uso y las precauciones que conviene tener en cuenta.

Desde hace años la manzanilla (Matricaria chamomilla) forma parte de los remedios tradicionales para aliviar nervios y molestias del estómago.
En los últimos tiempos, su uso como agregado al mate volvió a introducirla en la agenda: notas divulgativas y consumidores la recomiendan por propiedades tranquilizantes, antiinflamatorias y antiespasmódicas.
¿Qué respalda científicamente esas afirmaciones y qué recomiendan los especialistas? A continuación, un repaso de los estudios más relevantes y consejos prácticos para su uso responsable.
La literatura científica presenta resultados favorables, pero matizados.
Por un lado, ensayos clínicos y revisiones sistemáticas indican que la manzanilla puede reducir síntomas de ansiedad en personas con cuadros leves a moderados y mejorar la calidad del sueño en algunas series, aunque no todos los estudios son consistentes entre sí y se requiere mayor evidencia a gran escala para definir dosis y duración óptimas.
Un estudio clínico prolongado mostró reducción de síntomas en pacientes con trastorno de ansiedad generalizada, pero los autores remarcaron la necesidad de ensayos más amplios.
En lo referido a la inflamación, estudios preclínicos y revisiones bioquímicas atribuyen a compuestos como la apigenina y otros flavonoides mecanismos antiinflamatorios y antioxidantes que, en modelos celulares y animales, reducen mediadores inflamatorios.
Sin embargo, la mayoría de los estudios más robustos sobre mecanismos se han hecho fuera del cuerpo humano y la traducción de esos resultados a efectos clínicos en la población general sigue siendo parcial.
Respecto a la digestión, la tradición popular y algunos trabajos científicos coinciden en que la manzanilla tiene efecto antiespasmódico y puede aliviar molestias como gases, cólicos o sensación de pesadez tras las comidas.
Hay también indicios sobre actividad frente a agentes que concurren en úlceras gástricas, pero la evidencia clínica humana es heterogénea: varía según la forma de presentación (té, extractos, cápsulas) y la población estudiada.
Si se decide sumar manzanilla al mate, las recomendaciones prácticas son sencillas: usar cantidades moderadas (unas flores secas mezcladas con la yerba, no reemplazarla por completo) y mantener la temperatura del agua por debajo del hervor intenso para preservar compuestos sensibles.
Muchos consumidores la incorporan de forma intermitente (una o dos tazas diarias en su presentación en infusión), pero no existe una dosis estándar universalmente aceptada avalada por guías médicas.
En cuanto a seguridad, la manzanilla suele tolerarse bien en adultos, pero requiere precaución en grupos específicos. Hay datos insuficientes sobre su seguridad en embarazo y lactancia; por ello se aconseja evitar su uso sin supervisión médica en esos casos.
Además, las personas con alergias a otras plantas de la familia Asteraceae (como ambrosía, crisantemos) podrían reaccionar a la manzanilla. También conviene evaluar posibles interacciones si la persona toma anticoagulantes, sedantes u otros tratamientos crónicos.





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