En invierno, cuando el frío se mete en la casa y las calles se vacían más temprano, cocinar vuelve a tener otro sentido. Ya no es solo resolver una comida, sino crear un refugio: un gesto cálido, una pausa en el día, una forma de decir "te cuido" sin palabras. Y pocas preparaciones son tan completas y nobles como una buena sopa de verduras.


































