Pasaron casi 32 años. Por ese entonces, Aaron era el hijo de una familia que se había ofrecido para albergar a los jugadores que llegaban desde distintas partes del mundo para participar de la Dallas Cup y “Pechu” Suárez, más joven todavía, portaba la ilusión de llegar a jugar en la primera de Colón, algo que concretó cuando “Pancho” Ferraro lo llevó a su primera pretemporada, en Necochea, y que tuvo su gran “bautismo de fuego” cuando Jorge Olguín lo eligió como titular para un clásico.





































