La magnitud de la desgracia venezolana se hizo aún peor porque las instituciones estaban hundidas en la desidia y el abandono, y esta negligencia se demostró criminal. Las vacunas son un ejemplo de este abandono, pero me temo que guardan similitud, aunque distancia también, con el caso argentino. Tenemos que aprovechar para aprender ahora, y luego mejorar, antes de que venga El Niño.





































