Hay personas que tienen licencia de conducir pero hace años que no se animan a ponerse al volante. Otras manejan únicamente por calles conocidas, evitan las autopistas, no conducen de noche o necesitan que alguien las acompañe para sentirse seguras.
Muchas personas evitan conducir por temor a sufrir un accidente, perder el control del vehículo o provocar un daño a otros. Aunque suele confundirse con una simple inseguridad, la amaxofobia es un trastorno de ansiedad que puede afectar la vida cotidiana y limitar la autonomía.

Hay personas que tienen licencia de conducir pero hace años que no se animan a ponerse al volante. Otras manejan únicamente por calles conocidas, evitan las autopistas, no conducen de noche o necesitan que alguien las acompañe para sentirse seguras.
En algunos casos, el miedo es tan intenso que la sola idea de conducir provoca palpitaciones, sudoración, temblores o una sensación de que algo malo va a ocurrir. Ese temor tiene un nombre: amaxofobia, un trastorno de ansiedad que puede aparecer tanto en conductores principiantes como en personas con muchos años de experiencia.
Lejos de ser un simple nerviosismo, esta condición puede afectar el trabajo, la vida familiar, las relaciones sociales y la independencia de quien la padece. La buena noticia es que tiene tratamiento y, con el acompañamiento adecuado, la mayoría de las personas logra recuperar la confianza para volver a conducir.
La amaxofobia es el miedo intenso, persistente e irracional a conducir un vehículo. Se considera una fobia específica dentro de los trastornos de ansiedad y puede presentarse con distinta intensidad.
Mientras que sentir cierto nerviosismo al comenzar a manejar es una reacción normal, en la amaxofobia el miedo resulta desproporcionado respecto del riesgo real y lleva a evitar sistemáticamente la conducción.
Los especialistas explican que el problema no está únicamente en el automóvil o en el tránsito. Lo que ocurre es que el cerebro interpreta la situación como una amenaza y activa una respuesta de alarma, aunque objetivamente no exista un peligro inmediato.
Como consecuencia, el organismo libera adrenalina y aparecen síntomas físicos como:
Taquicardia.
Sudoración excesiva.
Dificultad para respirar.
Sensación de falta de aire.
Temblores.
Mareos.
Náuseas.
Tensión muscular.
Sensación de pérdida de control.
En algunos casos, incluso pueden desencadenarse ataques de pánico.
El problema es que muchas personas, para evitar esos síntomas, dejan de conducir. Esa evitación brinda un alivio momentáneo, pero termina reforzando el miedo y haciendo que la ansiedad sea cada vez mayor cuando aparece la posibilidad de volver a manejar.
No existe una única causa. La amaxofobia suele ser el resultado de distintos factores personales, emocionales y experiencias de vida.
Una de las causas más frecuentes es haber sufrido un accidente de tránsito. Incluso cuando el episodio ocurrió hace años y no dejó lesiones importantes, el recuerdo puede permanecer asociado al peligro y generar temor cada vez que la persona intenta volver a conducir.
También puede aparecer después de haber presenciado un accidente grave o tras recibir noticias repetidas sobre siniestros viales.
En otros casos, el origen no está relacionado con un hecho traumático sino con un cuadro previo de ansiedad.
Personas que padecen ansiedad generalizada, ataques de pánico o trastorno de estrés postraumático tienen mayor probabilidad de desarrollar miedo a conducir.
La baja autoestima también influye. Hay quienes sienten que no poseen las habilidades suficientes para manejar, dudan constantemente de sus decisiones o temen cometer errores que puedan perjudicar a otras personas.
Los cambios importantes en la vida también pueden actuar como desencadenantes. El nacimiento de un hijo, una enfermedad, una pérdida familiar o un período de estrés intenso pueden aumentar la sensación de vulnerabilidad y favorecer la aparición del problema.
Los especialistas señalan además que el miedo puede instalarse progresivamente.
Muchas personas comienzan evitando conducir de noche. Luego dejan de circular por autopistas. Más tarde abandonan los trayectos largos y finalmente dejan de manejar por completo.
Las señales de alerta que no conviene ignorar
No todas las personas experimentan la amaxofobia de la misma manera, pero existen algunos signos que pueden indicar la presencia del trastorno.
Entre ellos se encuentran:
Buscar siempre que otra persona conduzca.
Cancelar actividades para evitar manejar.
Elegir recorridos mucho más largos para evitar avenidas o autopistas.
Sentir angustia horas antes de tener que conducir.
Tener pensamientos constantes sobre posibles accidentes.
Experimentar síntomas físicos antes o durante la conducción.
Sentir un alivio inmediato cuando otra persona toma el volante.
Cuando estas situaciones comienzan a repetirse y afectan la vida cotidiana, es importante consultar con un profesional.
Los especialistas recomiendan consultar cuando el miedo persiste durante varios meses, limita las actividades habituales o provoca un importante malestar emocional.
También es aconsejable hacerlo si aparecen ataques de pánico mientras se conduce o si la ansiedad es tan intensa que impide utilizar el automóvil para trabajar, estudiar o realizar tareas cotidianas.
El diagnóstico suele realizarlo un psicólogo o un psiquiatra mediante una entrevista clínica, donde se analizan los síntomas, el contexto en que aparecen y su impacto sobre la calidad de vida.
En algunos casos también puede ser necesaria una evaluación médica para descartar enfermedades que produzcan síntomas similares, como alteraciones cardíacas o problemas vestibulares.
La respuesta es sí.
La evidencia científica muestra que la terapia cognitivo-conductual es uno de los tratamientos con mejores resultados.
Este abordaje ayuda a identificar los pensamientos negativos relacionados con la conducción y reemplazarlos por interpretaciones más realistas.
Además, suele incluir técnicas de relajación, control de la respiración y ejercicios de exposición gradual.
La exposición consiste en volver a conducir de manera progresiva y siempre respetando el ritmo de cada persona.
Por ejemplo, el tratamiento puede comenzar simplemente sentándose en el auto con el motor apagado.
Luego se pasa a conducir unos pocos metros en un lugar tranquilo, más adelante por calles de poco tránsito y, finalmente, por avenidas o rutas.
En algunos pacientes, especialmente cuando existe un trastorno de ansiedad importante, el médico puede indicar medicación como complemento del tratamiento psicológico.
Qué hacer si el miedo a conducir está empezando
Los especialistas coinciden en que cuanto antes se intervenga, mejores son las posibilidades de recuperación.
Algunas recomendaciones que pueden ayudar son:
No dejar de conducir por completo si el miedo recién comienza.
Practicar en horarios de poco tránsito.
Elegir recorridos conocidos.
Evitar consumir alcohol o sustancias que alteren la capacidad de conducción.
Dormir bien antes de manejar.
Realizar ejercicios de respiración para disminuir la ansiedad.
No exigirse enfrentar situaciones difíciles de manera brusca.
Buscar acompañamiento profesional si el miedo aumenta.
También puede resultar útil tomar algunas clases de conducción con instructores especializados en personas con ansiedad, quienes enseñan estrategias para recuperar la seguridad al volante.
La amaxofobia puede hacer que una persona pierda oportunidades laborales, reduzca su vida social o dependa constantemente de familiares y amigos para trasladarse. Sin embargo, no es un problema sin solución.
Reconocer que el miedo existe, comprender que se trata de un trastorno de ansiedad y pedir ayuda profesional son los primeros pasos para recuperar la confianza. Volver a conducir no siempre ocurre de un día para el otro, pero con tratamiento, práctica y acompañamiento, la mayoría de las personas logra retomar el control del volante y, sobre todo, de su propia autonomía.





De dónde es el afortunado apostador que ganó más de $5.450 millones en el Quini 6
Fin de semana largo del 9 de julio: ¿el viernes 10 es feriado o día no laborable?
Imputaron al acusado de asesinar a “Pili” Arber y se conocieron algunos detalles de la investigación
Falleció la cantante británica Lauren Bennett a los 37 años
Qué se sabe de la muerte del instructor de vuelo que cayó de un avión en Córdoba